Chile es reconocido internacionalmente como uno de los mejores destinos del mundo para desarrollar actividades de turismo aventura. Desde el desierto de Atacama hasta la Patagonia, pasando por volcanes, bosques templados, ríos, fiordos y una extensa cordillera, nuestro país ofrece escenarios privilegiados para el trekking, montañismo, escalada, rafting, kayak, barranquismo, mountain bike, esquí de montaña y muchas otras disciplinas que cada año convocan a miles de personas.
Este crecimiento ha permitido el desarrollo de una industria cada vez más amplia y diversa. Hoy existen empresas, guías especializados y emprendimientos que realizan un importante esfuerzo por entregar experiencias seguras, profesionales y de alto nivel técnico. Sin embargo, también ha dejado en evidencia una realidad que durante años ha sido motivo de preocupación para autoridades, operadores y usuarios: la necesidad de fortalecer los estándares de seguridad bajo los cuales se desarrollan estas actividades.
En este contexto, el Senado de Chile aprobó en general el proyecto de ley que busca modificar la Ley N.º 20.423 sobre el Sistema Institucional para el Desarrollo del Turismo, iniciativa que pretende establecer nuevas exigencias para los prestadores de servicios de turismo aventura, fortaleciendo la prevención, la fiscalización y la protección de quienes participan en este tipo de experiencias.
La noticia ha generado un amplio interés dentro del mundo outdoor. Sin embargo, también ha dado origen a numerosas interpretaciones erróneas. En redes sociales ya es posible encontrar publicaciones que afirman que “la nueva ley ya fue aprobada” o que “las nuevas obligaciones ya comenzaron a regir”. La realidad es distinta.
La aprobación realizada por el Senado constituye un paso muy importante dentro del proceso legislativo, pero el proyecto aún no se transforma en ley. Todavía restan etapas fundamentales antes de que las nuevas disposiciones puedan entrar en vigencia y comenzar a aplicarse a los operadores turísticos del país.
Precisamente por esa razón, más que limitarme a comentar la noticia, quiero aprovechar esta instancia para explicar de manera sencilla qué fue realmente lo que aprobó el Senado, por qué nació este proyecto, cuáles son los principales cambios que propone y qué podría significar para operadores, guías y turistas si finalmente se convierte en ley.
Porque entender este proyecto no solo es importante para quienes trabajan en turismo aventura. También lo es para cualquier persona que alguna vez contrate una actividad guiada en la montaña, un descenso en rafting, una salida de trekking o cualquier otra experiencia desarrollada en ambientes naturales.
¿Qué aprobó realmente el Senado?
Durante los últimos días, una de las frases que más se ha repetido ha sido que “el Senado aprobó la nueva ley de turismo aventura”. Sin embargo, esa afirmación no es completamente correcta y vale la pena detenerse un momento para entender por qué.
Lo que aprobó la Sala del Senado fue la idea de legislar, es decir, la aprobación en general del proyecto de ley. En términos simples, esto significa que existe un acuerdo respecto de la necesidad de avanzar en una nueva regulación para fortalecer la seguridad en el turismo aventura, pero aún no se han aprobado de manera definitiva todos los artículos que conformarán la futura ley.
Este detalle puede parecer menor, pero en realidad es muy importante.
En Chile, la elaboración de una ley contempla distintas etapas. Primero se presenta una iniciativa, luego comienza su discusión en las comisiones especializadas, posteriormente pasa a la Sala para su votación y, dependiendo del momento legislativo en que se encuentre, puede aprobarse en general o en particular.
La aprobación en general representa un respaldo al objetivo del proyecto. Es una señal clara de que el Senado considera necesario avanzar en una regulación más robusta para el turismo aventura. Sin embargo, todavía resta revisar cada uno de los artículos que componen la iniciativa, presentar indicaciones, discutir eventuales modificaciones y votar nuevamente el texto antes de completar su tramitación.
Por esa razón, aunque la noticia representa un avance significativo, todavía no corresponde hablar de una ley vigente.
Lo que hoy existe es un proyecto que continúa avanzando y que, de mantenerse el respaldo político observado hasta ahora, podría transformarse en una de las modificaciones más importantes para el turismo aventura chileno de los últimos años.
Creo que este punto merece una reflexión. Muchas veces las noticias relacionadas con proyectos de ley se presentan como si todo estuviera completamente resuelto. Sin embargo, el proceso legislativo chileno contempla varias etapas precisamente para mejorar las iniciativas antes de su aprobación definitiva. En este caso, todavía existe espacio para perfeccionar algunos aspectos técnicos del proyecto y recoger observaciones que permitan construir una normativa equilibrada, capaz de elevar los estándares de seguridad sin perder de vista la realidad de quienes trabajan diariamente en el turismo aventura.
¿Cómo nace este proyecto de ley?

Para comprender el verdadero alcance de esta iniciativa es necesario mirar un poco hacia atrás.
Durante las últimas dos décadas, Chile ha experimentado un crecimiento sostenido del turismo aventura. Cada año son más las personas que recorren parques nacionales, volcanes, reservas naturales, cordones montañosos, ríos y lagos, motivadas por el interés de vivir experiencias al aire libre y conocer algunos de los paisajes más impresionantes del país.
Este aumento de visitantes también ha impulsado el crecimiento de empresas dedicadas al guiado, la organización de expediciones y el desarrollo de actividades deportivas en ambientes naturales. Muchas de ellas han realizado un trabajo extraordinario.
Han invertido en formación de sus equipos, protocolos de seguridad, equipamiento técnico, sistemas de comunicación, planificación de emergencias y capacitación permanente. Sin embargo, también han existido casos donde las condiciones de seguridad simplemente no han estado a la altura del riesgo asociado a las actividades ofrecidas.
Uno de los hechos que marcó profundamente esta discusión fue el fallecimiento de Diego Albornoz Coronado, ocurrido en febrero de 2024 durante una actividad de bungee en el Cajón del Maipo. El accidente generó un amplio debate nacional sobre las condiciones bajo las cuales algunas empresas desarrollaban actividades de turismo aventura y abrió una discusión que rápidamente trascendió ese caso particular.
A partir de entonces comenzó a instalarse una pregunta que probablemente muchos ya se habían hecho anteriormente:
¿Cómo puede una persona saber si la empresa con la que está contratando una actividad realmente cumple con estándares adecuados de seguridad?
La respuesta no era sencilla. En la práctica, muchas personas elegían una empresa basándose únicamente en fotografías publicadas en redes sociales, recomendaciones de conocidos o simplemente comparando precios.
Pero muy pocas veces era posible conocer aspectos fundamentales como la preparación de los guías, la existencia de protocolos de emergencia, la planificación de la actividad, la mantención del equipamiento o la forma en que esa empresa gestionaba los riesgos propios del entorno. Fue precisamente esa realidad la que motivó la presentación de esta iniciativa parlamentaria. Más que crear nuevas restricciones, el proyecto busca avanzar hacia un sistema donde la seguridad pueda verificarse antes de que una empresa ofrezca sus servicios al público.
Y ese cambio de enfoque, probablemente, constituye una de las transformaciones más importantes que propone esta futura legislación
¿Qué busca resolver realmente esta iniciativa?

A simple vista, muchas personas podrían pensar que este proyecto busca únicamente aumentar las exigencias para las empresas de turismo aventura. Sin embargo, esa interpretación sería bastante superficial. El verdadero objetivo de la iniciativa es mucho más amplio. Lo que busca es fortalecer la confianza en una industria que ha crecido de manera importante durante los últimos años y que, al mismo tiempo, enfrenta el desafío de demostrar que sus actividades se desarrollan bajo estándares de seguridad acordes al nivel de riesgo que implican.
Cuando una persona decide contratar una excursión de trekking, un ascenso de montaña, una actividad de rafting o cualquier otra experiencia outdoor, normalmente no posee los conocimientos técnicos necesarios para evaluar si la empresa realmente trabaja de forma segura. Es muy difícil para un turista determinar si el guía cuenta con la experiencia adecuada, si el equipamiento ha sido inspeccionado correctamente, si existe un plan de emergencia o si la empresa ha evaluado previamente los riesgos asociados a la actividad. En la mayoría de los casos, el cliente solo observa aquello que resulta visible: fotografías, comentarios en internet, el valor del servicio o la cantidad de seguidores en redes sociales.
Pero la verdadera seguridad rara vez se encuentra en aquello que el cliente alcanza a ver.
La seguridad está en la planificación que ocurrió días antes. En la revisión del equipamiento. En la evaluación de las condiciones meteorológicas. En el diseño de rutas alternativas. En la preparación de los guías. En la existencia de protocolos para responder frente a una emergencia. Y justamente ese es el cambio de paradigma que intenta impulsar este proyecto. No se trata únicamente de reaccionar cuando ocurre un accidente. Se trata de fortalecer la prevención antes de que ese accidente llegue a producirse.
Del control posterior a la acreditación previa
Uno de los cambios más importantes que incorpora la iniciativa es la forma en que el Estado verificará el cumplimiento de las condiciones de seguridad. Hasta ahora, el sistema funcionaba principalmente mediante fiscalizaciones posteriores. Es decir, un operador podía comenzar a desarrollar actividades y posteriormente ser fiscalizado por la autoridad competente. Con la propuesta actualmente en tramitación, la lógica cambia de manera importante. Antes de ofrecer determinados servicios de turismo aventura, los operadores deberán acreditar que cumplen los estándares de seguridad establecidos por la normativa. Este cambio parece simple, pero representa una diferencia profunda. En lugar de esperar que una empresa sea inspeccionada una vez que ya está funcionando, el proyecto busca que la verificación ocurra previamente.
En otras palabras, la seguridad deja de entenderse como un aspecto que puede revisarse eventualmente y pasa a transformarse en una condición necesaria para operar. Desde una perspectiva preventiva, este cambio resulta especialmente interesante porque desplaza el foco desde la corrección hacia la anticipación.
Y cuando hablamos de gestión del riesgo, anticiparse siempre será más efectivo que reaccionar.
(*Uno de los aspectos que más me llamó la atención de este proyecto es precisamente este cambio de enfoque. Durante años hemos tendido a reaccionar después de que ocurre un accidente, buscando responsabilidades o proponiendo nuevas medidas cuando el problema ya existe. Esta iniciativa intenta invertir esa lógica y poner el énfasis en la prevención. A mi juicio, ese es uno de sus mayores aportes. En gestión del riesgo, siempre será más efectivo prevenir un accidente que responder correctamente una vez que ya ocurrió).
El nuevo Sello R: mucho más que un distintivo
Otro de los elementos más visibles del proyecto corresponde a la creación del denominado Sello R.
A primera vista podría parecer simplemente un nuevo logotipo o una acreditación para las empresas de turismo aventura. Sin embargo, detrás de este sello existe un objetivo mucho más importante. La idea es que cualquier persona pueda identificar de manera rápida si el operador con el que contratará una actividad cumple con las condiciones exigidas por la normativa. El proyecto contempla que este sello sea visible para el público y que además incorpore un sistema de verificación mediante código, permitiendo comprobar su autenticidad. En teoría, esto facilitará que los turistas puedan diferenciar a las empresas que cumplen con los estándares definidos por la autoridad de aquellas que no lo hacen.
Si el sistema funciona adecuadamente, podría transformarse en una herramienta muy útil para aumentar la transparencia del mercado.Sin embargo, también es importante comprender sus limitaciones. Un sello por sí solo no hace que una actividad sea segura.
El sello representa que una empresa ha acreditado determinados requisitos, pero la seguridad seguirá dependiendo del trabajo diario de sus equipos, de la planificación de cada actividad y de la calidad de las decisiones que se adopten en terreno.
En otras palabras, el Sello R puede transformarse en una excelente herramienta para entregar información al usuario, pero nunca reemplazará la experiencia, el liderazgo ni la gestión del riesgo realizada por quienes desarrollan las actividades.
¿Qué podría cambiar para las empresas de turismo aventura?

Probablemente este sea uno de los puntos que genera mayor interés entre quienes trabajan en el sector. Si el proyecto finalmente se convierte en ley, muchas empresas deberán revisar la forma en que actualmente desarrollan sus procesos internos.
No necesariamente porque hoy trabajen mal, sino porque deberán demostrar formalmente aquello que muchas veces ya realizan de manera habitual. Aspectos como la planificación de las actividades, la identificación de peligros, la evaluación de riesgos, los procedimientos de emergencia, el mantenimiento del equipamiento, la capacitación del personal y la documentación de procesos podrían adquirir un rol mucho más relevante.Para algunas empresas esto no representará un cambio importante. Muchas ya cuentan con procedimientos internos sólidos, protocolos establecidos y una cultura preventiva bien desarrollada.
Pero para otras significará un proceso de adaptación que requerirá tiempo, recursos y capacitación.
Y aquí aparece un aspecto que me parece especialmente relevante.
Profesionalizar una industria no significa únicamente aumentar la cantidad de documentos. Profesionalizar también implica mejorar la forma en que se toman decisiones, fortalecer la preparación de los equipos y generar una cultura donde la seguridad forme parte de cada etapa de la actividad.
Ese probablemente será el verdadero desafío.
Un desafío para las pequeñas empresas
Durante la discusión parlamentaria surgió un tema que considero especialmente importante.
Chile no está conformado únicamente por grandes operadores turísticos.
También existen pequeñas empresas familiares, guías independientes y emprendimientos locales que desarrollan un trabajo serio y responsable, muchas veces con recursos bastante limitados.
Por esa razón, la implementación de esta futura normativa deberá encontrar un equilibrio entre elevar los estándares de seguridad y evitar que las nuevas exigencias se transformen en una barrera difícil de cumplir para quienes ya realizan un trabajo profesional.
La propia discusión legislativa ha considerado este aspecto, señalando que la implementación deberá realizarse de manera gradual y considerando la realidad de las micro y pequeñas empresas del sector.
Ese punto será clave para el éxito del proyecto.
Porque una buena regulación no solo debe exigir más.
También debe ser aplicable a la realidad del país. Y esa realidad es muy diversa.
No es lo mismo operar excursiones de trekking en la Patagonia que desarrollar actividades de canyoning en la zona central, ascensiones volcánicas en el sur de Chile o recorridos interpretativos en áreas protegidas cercanas a centros urbanos. Cada disciplina presenta riesgos distintos y requiere competencias específicas. Por eso, el futuro reglamento técnico tendrá un papel determinante para transformar estas ideas generales en exigencias concretas y proporcionales a cada tipo de actividad.
El papel de los guías dentro de esta nueva realidad

Cuando hablamos de seguridad en turismo aventura, es muy común que la conversación se centre en las empresas, el equipamiento o las futuras exigencias legales. Sin embargo, existe un actor cuya labor resulta determinante en cada salida y que muchas veces pasa desapercibido: el guía.
En la práctica, un guía no solo conduce a un grupo por un sendero o lidera una actividad deportiva. Su principal responsabilidad es gestionar el riesgo de manera permanente.
Es quien observa las condiciones del terreno, interpreta los cambios meteorológicos, evalúa el estado físico y emocional de los participantes, modifica un itinerario cuando las circunstancias lo requieren y, en muchas ocasiones, toma decisiones que pueden marcar la diferencia entre una experiencia segura y una emergencia.
Por esa razón, cualquier iniciativa que busque fortalecer la seguridad en el turismo aventura también debe valorar la formación y preparación de quienes lideran estas actividades.
La experiencia seguirá siendo uno de los factores más importantes, pero ya no será suficiente por sí sola. La actualización permanente, la capacitación en gestión del riesgo, el conocimiento de primeros auxilios agrestes, el liderazgo y la capacidad para trabajar bajo presión continuarán siendo competencias esenciales para cualquier guía profesional.
En un entorno natural, las decisiones rara vez pueden tomarse consultando un manual. Muchas veces deben adoptarse en cuestión de minutos, con información limitada y bajo condiciones cambiantes. Esa capacidad para analizar una situación y tomar decisiones acertadas continuará siendo uno de los mayores valores que puede aportar un guía.
(*La seguridad nunca dependerá únicamente de una norma o de un procedimiento escrito. En la montaña, muchas decisiones deben tomarse en tiempo real y bajo condiciones que cambian constantemente. Por eso, además de establecer estándares para las empresas, será fundamental seguir fortaleciendo la formación técnica, el liderazgo y la capacidad de análisis de quienes tienen la responsabilidad de conducir personas en ambientes naturales. Ninguna ley puede reemplazar el criterio de un guía bien preparado).
¿Qué significa este proyecto para quienes contratan actividades de turismo aventura?
Desde la perspectiva del turista, este proyecto representa una noticia positiva.
Si la iniciativa continúa avanzando y finalmente se transforma en ley, las personas contarán con más herramientas para identificar operadores que cumplan con estándares mínimos de seguridad y que hayan acreditado sus condiciones para desarrollar actividades de turismo aventura.
Esto permitirá tomar decisiones más informadas al momento de contratar una excursión, una ascensión, una travesía o cualquier otra actividad guiada.
Sin embargo, también es importante entender que ninguna normativa puede eliminar completamente el riesgo inherente a los ambientes naturales.
La montaña seguirá siendo montaña. Los ríos continuarán modificando su caudal.
El clima seguirá cambiando de manera impredecible. Y la naturaleza continuará exigiendo respeto, preparación y buenas decisiones. Por esa razón, la responsabilidad también recae en los propios usuarios.
Elegir empresas formales, informarse sobre la actividad que realizarán, comunicar oportunamente sus condiciones de salud, utilizar el equipamiento recomendado y seguir las instrucciones del guía seguirán siendo elementos fundamentales para desarrollar una actividad segura.
Ventajas y desafíos del proyecto

A mi juicio, uno de los principales méritos de esta iniciativa es que instala nuevamente la seguridad como un elemento central dentro del desarrollo del turismo aventura en Chile.
Durante muchos años la conversación estuvo enfocada principalmente en el crecimiento de la actividad, el aumento de visitantes y el potencial turístico de nuestro territorio. Hoy el debate comienza a incorporar con mayor fuerza la importancia de la gestión del riesgo y la prevención.
Entre las principales ventajas que podría generar esta futura normativa destacan:
- Mayor profesionalización del sector.
- Más transparencia para quienes contratan actividades.
- Fortalecimiento de la cultura preventiva.
- Incentivo para que las empresas mantengan procesos de mejora continua.
- Mayor confianza para turistas nacionales y extranjeros.
- Mejores herramientas para diferenciar operadores formales de quienes no cumplen estándares mínimos.
Sin embargo, también existen desafíos importantes.
El primero será lograr que las nuevas exigencias realmente mejoren la seguridad y no se transformen únicamente en una carga administrativa.
El segundo será contar con mecanismos de fiscalización técnicamente competentes y con recursos suficientes para supervisar un territorio tan extenso y diverso como Chile.
Y el tercero será desarrollar reglamentos que consideren la enorme diversidad de actividades que existen dentro del turismo aventura, evitando aplicar criterios idénticos a disciplinas que presentan riesgos y características completamente diferentes.
¿Qué falta para que este proyecto se transforme en ley?

Aunque la aprobación en general por parte del Senado representa un avance muy importante, el proceso legislativo todavía no ha finalizado.
Actualmente el proyecto deberá volver a la Comisión de Economía del Senado para iniciar la discusión en particular de cada uno de sus artículos. En esta etapa podrán presentarse indicaciones, perfeccionarse algunos aspectos técnicos y eventualmente introducir modificaciones al texto aprobado en general. Posteriormente, el proyecto volverá a la Sala del Senado para su votación en particular.
Si el Senado aprueba un texto distinto al que anteriormente fue aprobado por la Cámara de Diputadas y Diputados, la iniciativa deberá regresar a esa corporación para revisar las modificaciones introducidas. Si ambas cámaras mantienen diferencias respecto del contenido del proyecto, la Constitución contempla la conformación de una Comisión Mixta, integrada por senadoras, senadores, diputadas y diputados, cuya misión será proponer un texto de consenso.
Una vez que ambas cámaras aprueben exactamente el mismo texto, el proyecto será remitido al Presidente de la República para su promulgación y posterior publicación en el Diario Oficial.
Sin embargo, en este caso existe un aspecto adicional que será determinante.
Gran parte de las nuevas obligaciones deberán desarrollarse mediante reglamentos técnicos que definirán aspectos como los estándares de seguridad, los procedimientos de acreditación, la forma de fiscalización y otros elementos fundamentales para la implementación práctica de la ley.
Por esa razón, aunque la aprobación en general representa un paso muy significativo, todavía queda un proceso legislativo y reglamentario antes de que estas nuevas disposiciones comiencen a aplicarse.
El turismo aventura ha crecido de manera extraordinaria en Chile durante los últimos años y todo indica que seguirá haciéndolo. Nuestro país posee condiciones únicas para desarrollar actividades al aire libre y ese enorme potencial también implica una gran responsabilidad.
Personalmente, considero que este proyecto representa una buena oportunidad para seguir fortaleciendo la seguridad y la profesionalización del sector. Sin embargo, también creo que el verdadero éxito de esta futura ley no dependerá únicamente de su publicación en el Diario Oficial.
Su éxito dependerá de la calidad de los reglamentos que la acompañen, de la capacidad de fiscalización de las instituciones competentes, del compromiso de las empresas por mejorar continuamente sus procesos y, sobre todo, de la cultura preventiva que logremos construir entre todos quienes participamos en el mundo del turismo aventura.
La elaboración de este artículo se realizó a partir del estudio y análisis de la documentación oficial disponible relacionada con el proyecto de ley que busca fortalecer la seguridad en los servicios de turismo aventura en Chile. Para su desarrollo se revisaron antecedentes publicados por el Senado de la República, la Cámara de Diputadas y Diputados, la Biblioteca del Congreso Nacional, la Subsecretaría de Turismo, la legislación vigente y la información oficial asociada a la tramitación legislativa del proyecto.
Como equipo de Summit Trekking Adventure Chile, consideramos fundamental que los contenidos publicados en nuestro blog se basen en información verificable y fuentes oficiales. Nuestro propósito es contribuir al desarrollo del turismo aventura mediante información técnica, objetiva y de calidad, permitiendo que operadores, guías, estudiantes y usuarios comprendan de mejor manera los cambios que podrían impactar al sector.
Agradecemos el trabajo desarrollado por las instituciones públicas, equipos técnicos, parlamentarias y parlamentarios, profesionales y organizaciones que han participado en la elaboración, discusión y análisis de esta iniciativa legislativa. Gracias a ese trabajo es posible generar espacios de información y reflexión que contribuyen al fortalecimiento de una cultura de seguridad y prevención en el turismo aventura de nuestro país.
Referencias
-
Tramitación del Senado de Chile. Boletín N.º 17.163-03. Proyecto que establece medidas para garantizar el cumplimiento de estándares de seguridad en servicios de turismo aventura.
-
Biblioteca del Congreso Nacional de Chile. Decreto N.º 19. Reglamento para actividades de turismo aventura.
-
Subsecretaría de Turismo. Senado aprueba en general proyecto de ley de Turismo Aventura que fortalece la seguridad y eleva estándares del sector.
-
Ley N.º 20.423. Sistema Institucional para el Desarrollo del Turismo